sábado, 5 de março de 2011

LA SANTÍSIMA VIRGEN


La Madre de mi piedad

La Madre de mi piedad.—Sé cuánta necesidad tengo de la gracia y cuán débil soy por mi mismo, sé a qué alto grado de humildad me llama Dios y cuán lejos estoy de él. Cuando uno tiene ante su vista tales alturas, y siente en sí tan extremada debilidad, es un consuelo sentir la mano de Dios que jamás nos abandona y que nos está ayudando sin cesar. Consuela entregarse sin tasa ni medida en brazos de esta divina Providencia, que por las obras de su beneplácito viene a vivificar nuestra muerte, fortalecer nuestra debilidad, animar nuestra cobardía y a exaltar nuestra humildad. Consuela también, ver en la más alta cúspide de La santidad una madre incomparable, que viene a mi para sostenerme con su mano, para alentarme con su corazón y para dirigirme con su mirada. Maria está    ********
allá arriba, muy cerca de Dios, reina de la humildad, madre de la divina gracia, madre de mi Dios y madre mía. Se inclina hacia mí para decirme: Yo soy la madre del amor hermoso y del temor y de la ciencia, es decir, de la piedad, pues estas tres cosas son la piedad. Y soy también la madre de la santa esperanza, porque la piedad que en mi calidad de madre formo y alimento en vosotros sobre la tierra, no tendrá su expansión plena sino en el cielo: aquí abajo la formación, allá arriba El gozo. Soy vuestra madre para el tiempo y para la eternidad; tengo para vosotros todas lãs gracias, las del camino y las del fin; en mí están todas las esperanzas, las de la vida de Allá arriba y las de la fuerza aquí abajo para llegar al cielo. Venid, pues, a mí todos los que suspirais por mi; venid y saciaos de mis dulces frutos. Mi espíritu, que os dará la vida, es más dulce que la miel, y más suave que el panal de miel mi herencia, a la cual os conduciré (Ecli. 24, 24)[556].

Fonte:  Libro La Vida Interior (Joseph Tissot).

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